Estos rasgos, los que no se ven, son mutables y están condicionados por nuestras experiencias e historias de vida. Aspectos como nuestros deseos, gustos, obsesiones, traumas, miedos, locuras están ahí dentro de nosotros, y digo dentro porque no sé exactamente en qué parte están, simplemente están.
Yo puedo decir que me fascinan las ciudades grandes como consecuencia de haber nacido y crecido en un monstruo de 20 millones de cabezas al que cada vez le salen más, representando cada una, una realidad diferente que llora, ríe, sufre, sueña, golpea, da y recibe.
Puedo decir también que no soporto a las cucarachas ni a las ratas en sentido metafórico y literal, que no puedo vivir sin el picante que da sabor a mi paladar y a mi corazón, y que mi cuerpo se mueve irremediablemente a ritmo de tambores, sones jarochos, guitarras y marimbas.
Que siento la necesidad de actuar ante la desigualdad que veo desde niña por las calles como parte de lo cotidiano, como algo que siempre ha estado ahí como si fuera irremediable. Que no puedo evitar llorar cuando se va alguien querido, que extraño mucho los tacos y que me es inevitable disfrutar la vida y reír como cuando tenía 5 años.
Y todo esto puede cambiar pero por ahora es parte de lo que soy, es parte de eso que llevo por dentro para todos lados.
© 2008 Alma Ramírez Iñiguez

1 comentario:
Hola Alma,
me gustaria escribir algo, hacer incapié en eso que dices que llevamos todos dentro. Hay culturas que lo definen como un dios o varios o simplemente como una palabra, tal vez relacionada precisamente con tu bonito nombre. Estoy recordando una frase que he escuchado alguna vez: "aquello que nos diferencia es lo que nos hace iguales", creo que en este caso es bastante apropiado. Has hablado de diferencias, pero en realidad has propuesto un acertijo para aquel o aquella que quiera entenderlo así. Yo propongo como solución, Comprensión.
Te animo a que sigas comprendiendo.
;)
Publicar un comentario