domingo, 23 de mayo de 2010

A propósito del primer mundo

"...y cuando hablo de dominación, no entiendo tanto
la dominación de unos sobre otros o de un grupo sobre otros,
sino las múltiples formas de dominación que pueden
ejercerse dentro de la sociedad."
Michel Foucault, Genealogía del racismo
Y nos enorgullecemos de nuestro hermoso estado democrático, en donde nuestra voz es escuchada, nuestros derechos son respetados y nuestras instituciones son las fortalezas en las que se erigen nuestros principios sociales, esos que se construyeron a fuerza de revoluciones y sangre de mártires sin culpa pero con agallas.
Las mujeres son respetadas, tienen el derecho de mostrar sus cuerpos, y se critica a aquellas que tapan su cabeza con un velo y sus cuerpos con mantas hasta los pies, y se dice que hay que rescatarlas de un machismo infame que las destruye y no las deja ser ellas mismas, como las otras, las independientes, las que eligen las últimas modas coquetas con las que muestran sus bien torneados y cuidados cuerpos, las que deciden con quién se van a acostar o a casar, da igual, que para eso existió el movimiento de liberación femenina. Cantos de libertad salen de nuestras bocas.
Y se tiene mucho tiempo para salir a divertirse, y se tienen todos lo medios para estar al día con las últimas noticias en el mundo y conocer lo que pasa en Chile, en Mexicali, en Pakistán, poca sorpresa pero mucha información. No importa, nuestra sociedad es fabulosa porque no hay esclavitud, esa terminó siglos atrás, todos somos libres, todos somos felices y juzgamos y nos compadecemos de los desafortunados que en otras partes del mundo sufren guerra y hambre, "pobres desdichados con culturas atrasadas que no han evolucionado". Nosotros sí, tenemos nuestra blackberry, nuestros celulares que sacan fotitos y la facilidad de compartirlas al mundo entero a través de facebook. Somos tan afortunados de vivir así. Huxley no lo pudo haber dicho mejor.
Para qué cuestionarse el machismo que vive en nuestras cabezas y con el que vivimos a diario, mejor nos esforzamos por quitarnos los pelos del cuerpo y conservar la cinturita. Al fin que podemos conseguir lo que queramos. Nosotras no somos como las desdichadas que tienen que taparse el cuerpo o la cabeza, no! Nosotras sólo tenemos que conservarnos bien bonitas, atractivas, suculentas para el mejor postor. Nosotras podemos decidir, sí! Siempre y cuando no sea algo muy fuera de lo normal, por no decir lo biológico. Ser madre, ser esposa, es lo que tiene que ser, es lo correcto, lo normal. Cuestionarse mucho implicaría dejar de ser la suculenta fruta que todos esperan que seas. Abre la revista y ve el promocional, ahí te dicen qué pasos seguir.
Y pobres de los desgraciados que no tienen qué comer, con sus culturas arcaicas, siempre apestando, seguro ni encender la computadora saben. De poco sirvió ir a conquistarlos en América o África. De poco sirvió ir a ensangrentar sus pueblos, cortar sus lenguas y enseñar nuestro maravilloso idioma. Pero no importa, somos personas que ayudamos a los más desposeídos y les damos trabajo, y los hacemos venir desde los lugares más remotos para que laboren en nuestras fábricas y en nuestros campos, pero es difícil hacerlos entender cómo guardar la compostura, cómo convivir entre ellos, sus formas de vida son tan incivilizadas... agradecidos deberán estar de que les damos de comer.
Por eso nuestra sociedad es plena, no hay esclavitud, las mujeres son libres, los niños bien educados con pizarrones digitales y todo. Nuestra sociedad llena de oportunidades y diversión... QUÉ FELICES SOMOS!
Atentamente,
El primer mundo presente en todo el mundo

© 2010 Alma Ramírez Iñiguez

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