En mi memoria guardo claramente esa etapa de mi vida, en la que no me podía separar de ti, en la que me tomabas fuertemente de la mano en los aviones porque me daba miedo cuando despegaban y en la que te preguntaba por qué no podía ver a dios ni a los ángeles si ya estábamos en el cielo. También conservo los momentos en los que calmabas mi miedo al decirme que el Popocatepetl no haría erupción hasta dentro de muchos siglos y en los que me convencías sobre la importancia de ir a la escuela ante mis llantos matutinos.
Y así, como los verdaderos maestros orientan a sus discípulos en el logro de las virtudes humanas, tú me enseñaste el valor de la constancia, la disciplina, la tolerancia y la dedicación, y lo aprendí gracias a tu inteligencia, tu paciencia y el amor que me has dado valorando mis angustias sin menospreciar mis necesidades.
En el recorrido de mi vida, tú has sido el personaje básico donde comenzó mi historia, desde ese momento en el que me trajiste al mundo haciendo el trabajo que comúnmente hacen los médicos pero que realizaste con habilidades de ingeniero, momento en el que te diste cuenta que cuando tengo prisa nunca me puedo esperar, así sea nacer.
Ahora, desde el otro lado del mundo, muy lejos de donde estás tú, quiero decirte que te quiero y que eres un hombre maravilloso.
Feliz día del padre
© 2009 Alma Ramírez Iñiguez
