domingo, 21 de junio de 2009

A mi primer amor en su día

Jung propuso el término complejo de Electra para designar la contrapartida femenina del complejo de Edipo conceptualizado por Freud, esa atracción afectiva que en la infancia se siente por los padres, nuestros primeros amores, los que influyen en la constitución de nuestra personalidad y contribuyen de manera determinante en la construcción de nuestras defensas resilientes, aquellas que nos ayudan a vivir, a enfrentar las catástrofes de la vida por más dolorosas que sean y a ser felices.

En mi memoria guardo claramente esa etapa de mi vida, en la que no me podía separar de ti, en la que me tomabas fuertemente de la mano en los aviones porque me daba miedo cuando despegaban y en la que te preguntaba por qué no podía ver a dios ni a los ángeles si ya estábamos en el cielo. También conservo los momentos en los que calmabas mi miedo al decirme que el Popocatepetl no haría erupción hasta dentro de muchos siglos y en los que me convencías sobre la importancia de ir a la escuela ante mis llantos matutinos.

Y así, como los verdaderos maestros orientan a sus discípulos en el logro de las virtudes humanas, tú me enseñaste el valor de la constancia, la disciplina, la tolerancia y la dedicación, y lo aprendí gracias a tu inteligencia, tu paciencia y el amor que me has dado valorando mis angustias sin menospreciar mis necesidades.

En el recorrido de mi vida, tú has sido el personaje básico donde comenzó mi historia, desde ese momento en el que me trajiste al mundo haciendo el trabajo que comúnmente hacen los médicos pero que realizaste con habilidades de ingeniero, momento en el que te diste cuenta que cuando tengo prisa nunca me puedo esperar, así sea nacer.

Ahora, desde el otro lado del mundo, muy lejos de donde estás tú, quiero decirte que te quiero y que eres un hombre maravilloso.

Feliz día del padre


© 2009 Alma Ramírez Iñiguez

lunes, 1 de junio de 2009

Desde lo concreto hasta lo imaginario

Son muchos los ámbitos en los que te quiero e innumerables los espacios concretos, abstractos e imaginarios en los que te siento, te veo y te vivo, escenarios en los que somos y nos reconstruimos, en los que nos decimos y nos dejamos ser.

En tus besos, en tu piel, en tus caricias y tus abrazos, en el suelo que pisamos cuando estamos juntos y separados, en la comida que compartimos, en el agua en la que nos bañamos y en los juegos en los que nos regocijamos como cuando éramos pequeños.

Pero esto en algún momento se transformó, o tal vez no fue uno solo sino muchos los momentos los que hicieron que además de amarte en lo tangible también te amara a través de las palabras que me consolaron, de las pláticas que parecen cortas y que no lo son, de tu sensibilidad, de tu corazón, de las miradas que me dicen que también me amas, de las utopías que hacemos juntos y por las que luchamos en lo individual, de toda tu presencia y de todas tus ausencias.

Y es en estas últimas en donde te invento, en donde gozo al pensarte en medio de mis proyectos, de mis escritos y de mi cotidianidad, en medio de mi soledad en la que además de estar conmigo estoy contigo. Es entonces donde te encuentro en la felicidad que alimentas y que compartimos en la distancia, esa que se convierte en cercanía y en la que estás aquí aunque estés allá.

Son muchos los ámbitos en los que te quiero y muchos más en los que te voy amar.


© 2009 Alma Ramírez Iñiguez