Sabía que te ibas a ir, ya estaba decidido desde el principio, y aunque en ocasiones me asalta la conciencia moral por las circunstancias en las que se dio nuestro primer encuentro y los que le siguieron, no me arrepiento de nada.
Sólo que ahora no sé qué hacer con los sentimientos que no estaban calculados, esos que ahora se me salen de control y me martirizan el cuerpo al no escuchar tu voz, no sentir tu piel ni el calor de tus abrazos. Esos que ahora me dejan un vacío que no puedo llenar con nada, ni con palomitas ni con malvaviscos.
Y hoy que en el mundo se lucha contra las nuevas pandemias, el terrorismo y los malos instintos, yo sólo intento conciliar un sueño reparador y dejar de tener la cara mojada todos los días.
Te extraño.
© 2009 Alma Ramírez Iñiguez

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