domingo, 25 de abril de 2010

La respuesta nunca dada y las hipótesis alrededor

Fue una contestación no pedida. La pobre se quedó guardada dentro de la vergüenza y el dolor que la originó, y tampoco buscó el espacio para ser recibida. Los momentos en los que tuvo la oportunidad, los desaprovechó por no creerse importante, por considerar que ya no tenía lugar y por descartar todas las posibles respuestas que podrían generarse una vez llegada al destinatario. Sin embargo, ella explicaba el por qué de la ausencia, del silencio, de querer olvidar y borrar las causas que la originaron, las que a veces están y las que por partes han desaparecido, siempre y cuando no sean evocadas o, tal vez, en verdad se han ido.

"Ya no te buscaré más porque tu olvido me dolió", eso decía la otra parte, la que creía haber sido olvidada y nunca lo fue, la que un día decidió dejar de esperar y se quedó esperando de todas formas porque no quería desaparecer. Y ahora no importa lo que dio o recibió porque se ha reconstruido para ir a su encuentro feliz y esperanzada como siempre, resignada a lo que pueda recibir.

Como consecuencia, la respuesta se niega a salir, prefiere seguir camuflada en la indiferencia y oculta en las emisiones de rencor que aún quedan, supone que es mejor escapar en un sueño, en una canción o de manera figurada a través de alguna mirada en la oscuridad del pelo negro que desdibujaba tu presencia, la que se moldea en las paredes de una soledad que no duele pero en la que sigues ahí.

Puede ser que algún día la recibas, no lo sé, de cualquier manera no creo que revele toda la complejidad que debería contener. En verdad, ni siquiera sé cuál sería la respuesta más correcta ni la que encerrara todo los conceptos marchitos que ya perdí. Lo que sí guardo son los supuestos que siempre cambian dependiendo del humor del momento. Y lo único que me gustaría es que esta contestación no tuviera necesidad de ser, lo cual implicaría que nunca te conocí.

© 2010 Alma Ramírez Iñiguez